Italia: análisis de las elecciones y escenarios postelectorales – Marco Olivetti

1. Las elecciones legislativas celebradas en Italia el 24 y el 25 de febrero de 2013 han producido un resultado inesperado. Durante toda la campaña electoral –incluidos los últimos sondeos, publicados quince días antes de las elecciones, e incluso las primeras encuestas a pie de urna, divulgadas a las 15 h del 25 de febrero- la coalición de centro-izquierda, liderada por el Partido Democrático y su candidato a la presidencia del Consejo de Ministros, Pier Luigi Bersani, era considerada de manera indiscutida el front-runner, con un margen de ventaja de entre 5 y 8 puntos porcentuales respecto al centro-derecha liderado por Silvio Berlusconi, aunque se dudaba si Bersani y sus aliados podrían conseguir la mayoría de escaños en la segunda Cámara, el Senado de la República, cuyo voto de confianza es también necesario para que el gobierno pueda iniciar a desarrollar sus funciones. Se pensaba que en tal caso, el centro-izquierda habría podido buscar un pacto (nada fácil, pero tampoco imposible) con la coalición de centro dirigida por el hasta ahora Presidente del Consejo de Ministros, Mario Monti. Solo en las últimas semanas anteriores a las elecciones, la opinión pública ha empezado a ver como el Movimento Cinque Stelle (una nueva fuerza política, dirigida por el ex cómico Beppe Grillo, que encarna un populismo de izquierda de contenidos muy inciertos) podría obtener no solo un buen resultado (como muchos sondeos habían previsto), sino incluso un resultado electoral que podría hacer ingobernable el país.
2. La tarde del 25 de febrero los ciudadanos italianos se dieron cuenta que el panorama político resultante de las elecciones era bien distinto del previsto. La coalición de centro-izquierda liderada por Pierluigi Bersani ha obtenido el mayor número de votos, tanto en la Cámara de los diputados (29,5% de los votos) como en el Senado (31,6%), pero su distancia respecto a la coalición de centro-derecha ha sido inferior al 1% de los votos en ambas cámaras (la coalición dirigida por Silvio Berlusconi ha obtenido el 29,2% de los votos en la Cámara y el 30,7% en el Senado). El Movimento Cinque Stelle ha tenido un éxito clamoroso en la Cámara, donde ha sido el partido más votado, con el 25,6% de los votos (sacándole unos centenares de votos al Partido Democrático, que sin embargo ha conseguido el 29,5% junto con sus aliados menores: Izquierda y Libertad, el Centro Democrático y el Partido Socialista) y un resultado un poco inferior en el Senado (el 23,8%). Claramente inferior a lo esperado ha sido el resultado obtenido por la coalición de Mario Monti, que no ha ido más allá del 10,6% de votos en la Cámara y del 9,1% en el Senado.
3. El sistema electoral vigente en Italia (Ley n. 270 de 2005) prevé reglas distintas para la Cámara y el Senado. Para ambas cámaras el sistema tiene una base proporcional, con barreras mínimas, y con un premio de mayoría en beneficio del partido o de la coalición de partidos que obtenga un mayor número de votos. Pero es distinto el modo de atribución del premio de mayoría en cada una de las cámaras.
Mientras en la Cámara de diputados el premio de mayoría se atribuye íntegramente al partido o coalición que haya obtenido el mayor número de votos en todo el país, y que sólo por esto consigue 340 escaños de 630 (un 55% de los mismos), en el Senado el premio de mayoría se atribuye sobre base regional: corresponde en cada región al partido o coalición que haya conseguido el mayor número de votos. En base a este sistema y a los votos alcanzados por los distintos partidos, la coalición de centro-izquierda ha obtenido (incluyendo a los diputados elegidos en la circunscripción del extranjero) 345 diputados de 630 en la Cámara (esto es, una cómoda mayoría absoluta), pero apenas 123 escaños de 315 en el Senado, donde su mayoría es solo relativa. Dada la necesidad de alcanzar la confianza en ambas cámaras, es evidente que el centro-izquierda liderado por Bersani “ha llegado primero, pero no ha ganado”, por citar la expresión que ha empleado su líder en el conferencia de prensa del 26 de febrero. Para formar un gobierno, el centro-izquierda tiene necesidad de un acuerdo con el centro-derecha (121 diputados y 117 senadores) o con el Movimento Cinque Stelle (110 diputados y 54 senadores), mientras que el apoyo de los 20 senadores elegidos por la coalición Scelta Civica, de Mario Monti (que ha logrado también 38 diputados), no sería suficiente para obtener la confianza de la Cámara alta.
4. En este contexto, son posibles al menos tres escenarios distintos: a) un gobierno de centro-izquierda con el apoyo del Movimento Cinque Stelle (eventualmente en la variante de un gobierno de minoría, tolerado por los senadores “grillinos”); b) un gobierno de coalición entre el centro-izquierda y el centro-derecha (el llamado “governissimo”); c) la vuelta a las elecciones en caso que no sea posible formar un gobierno que logre la confianza de ambas cámaras. Pero hay algunas variantes y una complicación adicional.
Las variantes consisten en el llamado “gobierno técnico” o “gobierno del Presidente”, que tendría una composición no política o no totalmente política, pero que debería obtener un consenso parlamentario basado en el acuerdo entre el centro-izquierda y el Movimento Cinque Stelle o entre el centro-izquierda y el centro-derecha, dado que cualquier gobierno, según la Constitución italiana, debe basarse en la confianza de ambas cámaras.
La complicación, sobre todo en relación con la hipótesis de celebrar nuevas elecciones en caso de falta de acuerdo entre las fuerzas políticas, viene dada por el hecho que la vuelta a las urnas presupone la disolución de las Cámaras que se acaban de elegir, y dicha disolución no puede ser acordada por el actual Presidente de la República, quien, en el último semestre de su mandato, que finaliza el 15 de mayo de 2013, no puede ejercer este poder. Solo su sucesor, que será elegido por las dos cámaras (formadas junto con 58 delegados regionales), podrá tomar una decisión de este tipo.
5. En las próximas semanas los pasos a dar deberían ser los siguientes:
El 15 de marzo tendrá lugar la sesión constitutiva de las nuevas cámaras, las cuales elegirán a sus respectivos presidentes, y también se constituirán los grupos parlamentarios. Inmediatamente después el Presidente de la República Napolitano iniciará las consultas para la formación de un nuevo gobierno a cuyo término dará a un exponente político el encargo de formar nuevo gobierno. El presidente del Consejo designado valorará si forma efectivamente un nuevo Ejecutivo y, caso de lograrlo, asumirá las funciones gubernativas y se presentará a las cámaras para obtener la confianza. Una vez la obtenga podrá comenzar a desarrollar regularmente sus funciones. Por el contrario, si no la consiguiese, debería dimitir y el Presidente de la República trataría de formar otro gobierno.
En cualquier caso, después del 15 de abril, el Parlamento será convocado para elegir al sucesor de Giorgio Napolitano para la Presidencia de la República, que requiere la mayoría de dos tercios en las tres primeras votaciones, mientras que a partir de la cuarta basta la mayoría absoluta. Gracias a la amplia mayoría de que dispone en la Cámara y a las mayores dimensiones de ésta respecto al Senado, el centro-izquierda tiene fuerzas suficientes para elegir al nuevo Jefe del Estado –al menos a partir del cuarto escrutinio. Con mayor razón si se llegase a un acuerdo con los parlamentarios vinculados a Mario Monti. No obstante surge una incógnita: la elección del Presidente de la República debe llevarse a cabo en votación secreta y en el pasado (por ejemplo en 1992) no han faltado casos en que un candidato que sobre el papel hubiese debido ser elegido haya sido “apuñalado”, aprovechando el voto secreto.
6. El escenario postelectoral italiano se presenta, pues, muy problemático. Dos fuerzas populistas –una de derecha (dirigida por Berlusconi) y otra de izquierda (liderada por Grillo)- juntas obtienen la mayoría del electorado italiano. Una tercera fuerza, de dimensión un poco superior a las otras dos –el centro-izquierda de Bersani- tiene la mayoría absoluta de los escaños de la Cámara y la mayoría relativa en el Senado. La coalición mayoritariamente querida fuera de Italia –la dirigida por Mario Monti- no ha obtenido mucho más del 10% de los votos. Así pues, estamos ante un escenario weimariano.
La identidad incierta del Movimento Cinque Stelle –¿se trata de una forma constructora de ciudadanía activa o un nuevo chavismo sobre el terreno? ¿es un partido hiperjerarquizado con un solo hombre en el vértice o una agrupación de parlamentarios libres?- hace el escenario aún más confuso.
A lo anterior pueden añadirse los vínculos externos, en particular la presión que se pueda ejercer desde las cancillerías europeas, desde el Banco Central Europeo y desde los mercados financieros, que ya contribuyeron de un modo decisivo a la caída del IV gobierno Berlusconi en noviembre de 2011.
De una cosa se puede estar seguro: la política italiana no aburrirá a nadie en los próximos meses.

Marco Olivetti
Catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Foggia

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