Elecciones en Kenia: de etnocracia a democracia – Luis G. Franceschi

El origen del estado africano

Hersch Lauterpacht argumenta que el estado “es una expresión del orden legal que opera dentro de un territorio definido”.[1] Este orden legal exige –como elemento esencial en la composición y desarrollo del estado– lo que se podría denominar como ‘identificación’. Esta identificación, en los estados africanos, fue impuesta unilateralmente por las potencias colonizadoras en 1885, durante la Conferencia de Berlín, cuando se distribuyen África entre sí, y cada potencia demarcó su área de influencia y explotación comercial y humana. Estas colonias, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se convertirían en estados independientes. Es así, como la formación y composición social del estado africano se caracteriza por ser totalmente heterogénea, y de alguna forma artificial, compuesto de etnias diferentes y a veces opuestas, dentro de unos límites arbitrarios, definidos por un poder colonizador, sin tomar en cuenta la realidad social milenaria hasta entonces existente.

Al no obedecer a ningún parámetro demográfico, estas fronteras artificiales y arbitrarias obligaron a etnias diferentes –y a veces enemigas– a vivir dentro de un mismo territorio, y además, también causaron la división de grupos étnicos que hasta entonces habían sido parte de una misma sociedad.[2] De hecho, sólo en Kenia, las fronteras establecidas por la colonia fragmentaron en dos, e incluso en tres, a lúos, masai, somalíes, luhyas, tesos, turkanas, meriles, etc.

Esta situación transformó la identidad nacional y el proceso democrático africano en un verdadero reto, pues grupos étnicos diferentes y en muchos casos contrapuestos, se encontraron viviendo juntos bajo un mismo gobierno y unos mismos símbolos, entonces coloniales.

La presencia colonial apacigua los conflictos inter-étnicos y establece un orden jurídico mínimo, que era importante para el desarrollo financiero que deseaban los colonizadores. Años más tarde, cuando los vientos de cambio llevan al proceso independentista, el pueblo se une bajo un mismo ideal: fuera la colonia y viva la autodeterminación. Es así como se agrupan políticamente etnias diferentes bajo un mismo ideal, y en 1963 se hace realidad, en Kenia, el sueño de la autodeterminación cuando se independiza y constituye su propio gobierno.[3]

Sin embargo, muy pronto comienzan a aflorar diferencias sociales profundas, típicas de un pueblo muy heterogéneo, de origen diverso desde el punto de vista racial, idiomático, religioso, cultural e incluso genético. Estas diferencias pronto degeneran en nepotismo, injusticias sociales, favoritismo, persecución, falta de confianza entre etnias y que desemboca en un etnocentrismo negativo, comúnmente identificado como tribalismo.

Este es el escenario en el que se desenvuelve el desarrollo de Kenia, un país dotado de belleza natural inigualable, de gente ingeniosa y de muchas virtudes; un país compuesto de 42 grupos étnicos diferentes, y donde la mayoría pertenecen a cinco etnias: kikuyu 17%, kalenjín, 13%, lúo 11%, kamba 10% y luhya (una agrupación de etnias muy similares) 15%;[4] cada una habla un idioma diferente y tienen costumbres, religiones, geografía, enfoques de la vida y aptitudes diferentes. A estas etnias se les exige que escojan un mismo presidente y unos mismos líderes y que se mezclen entre ellas, que vivan juntas y que compartan los frutos de la tierra y del trabajo. En fin, se les exige que recorran en muy pocos años el camino milenario que llevó al nacimiento del estado moderno europeo y, finalmente, a la Unión Europea. Además este camino estaría jurídicamente enmarcado, por muchos años, en una constitución diseñada y escrita por el poder colonizador, con unas estructuras de gobierno ajenas a las propias costumbres, donde se copian sistemas gubernamentales que se prestan, muy pronto, a la manipulación entre etnias para perpetuarse en el poder.

Kenia nace

En 1963, Jomo Kenyatta, kikuyu de nacimiento, se convierte en el primer presidente de la República. Jomo Kenyatta, al principio conciliador y abierto, pronto se rodea de su propia gente, quienes se benefician política y económicamente del poder. Cuando muere Jomo Kenyatta asciende a la presidencia Daniel Arap Moi, de origen kalenjín, hasta entonces vicepresidente. Moi, quien al principio era percibido como una persona débil y de transición, gobernará Kenia con mano firme durante 24 años, hasta que decide retirarse en el 2002, y da paso a Mwai Kibaki, otra vez kikuyu.

La primera elección keniana realmente democrática, abierta e imparcial es la de 2002. En ese año, Moi propone al partido de gobierno, KANU, que declare como su sucesor y candidato presidencial a Uhuru Kenyatta, hijo del difunto Jomo Kenyatta. Kenyatta, de origen kikuyu, compite entonces contra el candidato de una alianza de partidos pequeños, Mwai Kibaki, también kikuyu. Es la primera elección en la historia de Kenia donde la presidencia pasa de un partido de gobierno a un partido opositor. Esta elección, pacifica, civilizada, ecuánime e imparcial, tenía una característica muy especial: los dos candidatos principales y con opciones reales de ascender al gobierno eras de la misma etnia, kikuyu. Kibaki gana las elecciones y Uhuru admite la derrota, incluso antes de que se declare el resultado final oficial. Kibaki nombra un gobierno abierto y, como también hizo Moi, selecciona ministros provenientes de etnias diferentes, aunque los ministerios más importantes, quedarían en manos de algunos kikuyus de confianza.

El 30 de junio de 2004, Kibaki anuncia varios cambios en su gabinete de gobierno, y favorece el nombramiento de más kikuyus; esto desemboca en la renuncia de varios ministros no kikuyus que acusan a Kibaki de no cumplir el pacto de coalición del 2002. En 2005 se lleva a cabo un referéndum constitucional donde se somete a votación el proyecto de constitución elaborado por la Comisión de Reforma Constitucional de Kenia. Esta Comisión recorrió todo el país y durante varios años recolectó opiniones de todo el país sobre el tipo de constitución que Kenia deseaba. Sin embargo, este referéndum lo perdió Kibaki pues no contó con el apoyo de la oposición. Es esta la primera vez que se lleva a cabo una votación en Kenia claramente demarcada por un tono tribal, donde la mayoría kikuyu se pliega a Kibaki y el resto alrededor de Raila Odinga, líder lúo, e hijo del primer vicepresidente de Kenia, Jaramogi Odinga. Raila funda entonces el movimiento naranja, que dos años más tarde pasará a ser el Orange Democratic Movement (ODM), principal partido opositor a Kibaki. En esa ocasión, en 2005, Kibaki perdió el referéndum constitucional y el proyecto de constitución pasó al olvido.

El drama de las elecciones en el 2007

En diciembre de 2007, se presenta a elecciones presidenciales Raila Odinga, por el Orange Democratic Movement, una alianza de las etnias más importantes, y Mwai Kibaki, presidente, candidato del Partido de Unión Nacional (PNU), que representa una alianza de partidos pequeños, pero en su mayoría de origen kikuyu, aunque también con el apoyo, prácticamente insignificante, de políticos de poca relevancia de otras etnias. Según la prensa y televisión, Raila ganaría las elecciones, y las tendencias del sufragio así lo hacían ver, cuando repentinamente se suspende el conteo de votos y se interrumpe el flujo de información. Después de más de un día se observa una tendencia regresiva para Raila y Kibaki gana las elecciones por un margen muy pequeño. Pocas horas después, casi entrada la noche, se lleva a cabo la juramentación de Kibaki, en la Casa Presidencial, bajo una seguridad estricta y presidiendo el acto el jefe del Poder Judicial, Evans Gicheru, también kikuyu.

Los resultados contradictorios, la falta de carácter del jefe de la Comisión Electoral, y el subsecuente desorden en el centro de resultados, desencadenan varias manifestaciones. El partido opositor, ODM, desconoce los resultados y hace un llamado a mass action, originalmente pensando a través de manifestaciones pacíficas pero firmes contra el gobierno. Aún se desconocen las causas concretas, pero muy pronto se desencadena una especie de guerra tribal, como en los tiempos de antaño, donde el país, y sobre todo la etnia kalenjín, inspirados por las declaraciones de miembros de la elite de ODM, se vuelcan contra los kikuyus. El presidente no reacciona, el ejército sigue acuartelado,[5] y la policía no da abasto. A esto reacciona un grupo kikuyu radical, anarquista y semireligioso denominado ‘Mungiki’. Este grupo se desplaza con apoyo logístico y financiero de algunas personas influyentes, y con el fin de proteger a los kikuyus, en áreas del Rift Valley, llevan a cabo una masacre sin precedentes en la historia moderna de Kenia. Se desborda el odio y mueren más de 1.300 personas y son desplazadas otras 600.000.

La presión internacional obliga al gobierno a aceptar la mediación de Kofi Annan, el exsecretario general de la ONU, quien logra un acuerdo constitucional donde se establece un gobierno de coalición con dos agentes principales, Mwai Kibaki como presidente y Raila Odinga como primer ministro, una figura nueva y creada ad-hoc. Los dos deben tomar todas las decisiones importantes de mutuo acuerdo. Es entonces cuando se suman 20 ministros más a los 20 ya nombrados por Kibaki, y el gobierno queda constituido por una coalición de 40 ministros, incluyendo dos viceprimer ministros y 53 viceministros.

El drama de la violencia poselectoral y la masacre lleva al país a pedir la intervención de la Corte Penal Internacional (ICC) y además se revive la idea de que el país necesita una nueva constitución, con instituciones aceptables y un nivel más elevado de integridad y de ética. La idea de acudir a la ICC se sustenta en una visión que Koigi wa Wamwere, un político retirado, expresa de forma casi profética de cómo evolucionaría una comisión de reconciliación o un tribunal formado a nivel nacional: “Me imagino el principio de problemas en el momento de nominar a los comisarios. En aquel momento, probablemente escucharemos tales murmuraciones como ‘no debemos tener a éste en la Comisión. Él es hostil a nosotros.’ Luego me imagino enormes problemas con respecto a qué delitos investigar… y por supuesto, habrá gritos de: ‘no perseguir a nuestra gente… La Comisión está siendo mal dirigida por algunas personas’ … ¿Y quién estará en el banquillo? Probablemente escucharemos algo así como: ‘¿Por qué estamos nosotros siendo blanco de acusaciones?’… Y cuando un ministro sea convocado, algunas personas alegarán persecución étnica, exigiendo al gobierno dejar tal persecución?”.[6]

Un nuevo proyecto constitucional

Es así como se constituye el Comité de Expertos (CoE) encargado de elaborar un borrador de constitución y presentarlo al parlamento, para someterlo subsecuentemente a referéndum. Este Comité presentó un borrador que seguía muy fielmente el proyecto elaborado por la ya desaparecida Comisión Constitucional del 2005, y que después de algunos cambios, se somete a referéndum en agosto de 2010, y se convierte en la nueva constitución de Kenia. Es interesante notar que el país apoyó y votó un borrador que era sustancialmente el mismo que había sido rechazado 5 años antes. Es también interesante notar que el Ministro de Justicia, Mutula Kilonzo, quien se encargó de organizar la campaña del “” a la nueva constitución en 2010, fue el mismo que se encargó de la campaña en favor del “No” en 2005, donde la gran mayoría rechazó el proyecto de constitución. Las razones por las cuales este borrador se acepta en el 2010 por mayoría abrumadora, aunque es muy similar al que se rechazó en 2005, se pueden resumir en 4 puntos:

  1. El trastorno ocasionado por la masacre de diciembre de 2007 y enero de 2008;
  2. El interés político de diluir la presión de un gobierno centralizado en unidades ‘descentralizadas’ con cierta autonomía política. Esto le daría a las elecciones un tono regional que podría mermar la presión enfocada en una elección presidencial absolutamente centralizada.
  3. La presión y la ayuda financiera internacional hizo posible la constitución del CoE;
  4. El apoyo generalizado de una gran mayoría de líderes políticos que votaron a favor de un borrador que abría muchas puertas de proyección política, como un trampolín político, pues cada votante, en lugar de elegir 3 representantes –presidente, miembro del parlamento y concejal– elegiría, bajo la nueva constitución, a 6 representantes: presidente, gobernador, senador, miembro de la asamblea, concejal y mujer representante.

De esta manera, el referéndum apoya la nueva constitución, con una votación de 71% a favor, donde la gran mayoría de los votantes siguen con fe inflexible las instrucciones de la clase política, que apenas cinco años antes rechazó un borrador muy similar, por razones de conveniencia política y étnica.

La nueva constitución de 2010 propone como una de las metas principales del desarrollo democrático la creación y sostenimiento de las instituciones que mantienen los valores de libertad, igualdad y justicia. Entre estas instituciones básicas, se encuentra el proceso electoral válido. El informe elaborado por la difunta Comisión Electoral demostraba que para la mayoría de los kenianos “la piedra angular de un gobierno participativo es la celebración de elecciones libres, justas y periódicas. Las elecciones sirven no sólo para elegir los representantes del pueblo, sino también para demostrar la soberanía del pueblo y la responsabilidad de los políticos hacia el pueblo, dotando de legitimidad a los gobiernos”.[7]

Es así como se llega a redactar el artículo 81 de la Constitución, que establece las garantías constitucionales normativas para un sistema electoral confiable, contando con el imperio de la ley, la democracia, la participación universal, dignidad, equidad, justicia social, inclusión, igualdad, derechos humanos, discriminación, protección de los marginados, buena gobernabilidad, integridad, transparencia y rendición de cuentas. El artículo 81 dice:

El sistema electoral deberá cumplir con los siguientes principios:

(a) La libertad de los ciudadanos a ejercer sus derechos políticos en virtud del artículo 38;

(b) No más de dos tercios de los miembros de los organismos públicos electivos podrán ser del mismo sexo;

(c) Habrá justa representación de las personas incapacitadas;

(d) El sufragio se basará en una representación justa con igualdad de voto; y

(e) las elecciones, libres y justas, serán:

(i) por votación secreta;

(ii) libre de violencia, intimidación, influencia indebida o corrupción;

(iii) llevada a cabo por un organismo independiente;

(iv) transparentes; y

(v) de administración imparcial, neutral, eficiente, precisa y responsable.

Es importante notar que el keniano no se confiaba de las instituciones existentes, siempre objeto de manipulación política, y deseaba tener un sistema rígido y cerrado, donde cualquier cambio sería prácticamente imposible o muy difícil. En lo que se refiere a la elección e inauguración del presidente, también prevé muchos detalles que normalmente podrían haberse enmarcado dentro de una ley orgánica electoral. Es esta la ideología constitucional que hace de la nueva constitución un documento muy largo, de 264 artículos, además de bastantes y muy detallados esquemas y normas transitorias; es una constitución saturada de historia nacional, que prevé las medidas necesarias para evitar la manipulación directa del electorado, de poder electoral y una posible juramentación privada e ilegítima. Es así como el artículo 138 de la Constitución contempla un procedimiento detallado para declarar un candidato como presidente electo:

(3) En una elección presidencial,

(a) todas las personas registradas como votantes tienen derecho a votar;

(b) La elección se hará mediante voto secreto el día especificado en Artículo 101 (1)

en el momento, en los lugares y de la manera previstas por la ley;

(c) después de contar los votos, la Comisión Electoral Independiente se verificará los

resultados y declarara el ganador.

(4) Un candidato será declarado electo como presidente si el candidato recibe:

(a) más de la mitad de todos los votos emitidos en la elección; y

(b) al menos veinticinco por ciento de los votos emitidos en cada uno de más de la

mitad de los condados. (…)

Además, en el artículo 141 la Constitución contempla, con bastante detalle, la toma de posesión o inauguración del nuevo presidente:

(1) La toma de posesión del Presidente electo será en público ante el Presidente de la Corte

Suprema, o en ausencia de éste, ante el Vicepresidente de la Corte Suprema.

(2) El Presidente electo deberá ser juramentado el primer martes después de––

(a) el decimocuarto día después de la fecha de la proclamación del resultado de

las elecciones presidenciales, si no se hubiese presentado ninguna petición bajo

Artículo 140; o

(b) el séptimo día siguiente a la fecha en que la Corte Suprema decida y declare que

la elección es válida, si se ha presentado alguna petición según el artículo 140.

(3) El Presidente electo asume la presidencia tomando y suscribiendo el juramento o

afirmación de fidelidad para la ejecución de sus funciones, según lo prescrito en el tercer

anexo de esta Constitución.

(4) El Parlamento deberá legislar sobre el procedimiento y la ceremonia para la toma de

posesión de un presidente electo.

Posteriormente, el Parlamento promulgó las leyes necesarias para las elecciones y se nombró a la Comisión Independiente de Fronteras y Elecciones (Independent Electoral and Boundaries Commission – IEBC). Pero aún está presente en la memoria aquella violencia, de la cual sólo han pasado cinco años, y que dejó abierta una herida profunda de la que aún brota el pus de la etnicidad negativa en la cultura política de Kenia, y que sigue siendo la mayor amenaza contra elecciones pacíficas y libres.

2012-2013: Un período de nuevas alianzas

En diciembre de 2012 se comienzan a cementar las alianzas, que tienen por principales autores a los líderes de los grupos étnicos más numerosos e influyentes: Uhuru Kenyatta (kikuyu – viceprimer ministro), Raila Odinga (lúo – primer ministro), Musalia Mudavadi (luhya – viceprimer ministro), Kalonzo Musyoka (kamba – vicepresidente), y William Ruto (kalenjín – exministro). Uhuru y Ruto forman la alianza Jubilee, Raila y Kalonzo forman CORD, y Musalia Mudavadi forma la alianza Amani.

Está claro que estas alianzas no se originan, y tampoco obedecen, a ideologías distintas. De hecho, el objetivo de cada una de estas alianzas es simplemente ganar las elecciones, y no tenían ningún tipo de manifiesto político hasta pocos días antes de las elecciones, cuando la IEBC se los exigió de acuerdo a la ley. Cada candidato principal podría saber con cierto grado de precisión con cuantos votos contaría, pues era suficiente saber el número de votantes registrados que pertenecían a su propia etnia. Ciertamente hay excepciones importantes a esta regla, pero normalmente se limitan a personas más educadas y provenientes de centros urbanos y cosmopolitas, que componen apenas un 20% de la población.

Evidentemente, los resultados alcanzados confirman esta postura, pues la Jubilee Coalition gana las elecciones por un margen muy pequeño, de acuerdo a las predicciones basadas en el origen étnico de los votantes registrados, habiendo logrado acumular la gran mayoría de voto kikuyu, kalenjín y parte de otras comunidades pequeñas, mientras que CORD, contando con el voto de las autonomías de mayoría lúo, kamba, y parte del territorio luhya, mantiene un segundo lugar, en una elección muy cerrada.

Indudablemente, las condiciones en las cuales se desenvuelve el actual proceso electoral podrían fácilmente haber desembocado en actos violentos. Las razones principales se podrían resumir en tres puntos:

  1. Los dos candidatos de las alianzas principales han sido rivales políticos por mucho tiempo, e incluso los dos provienen de familias rivales, Odinga (primer vicepresidente) y Kenyatta (primer presidente);
  2. La estructura de los partidos políticos es muy débil. Los partidos están llamados a jugar un papel político estructural de importancia en la nueva constitución,[8] sin embargo, son aún instituciones muy inestables y se prestan a una fácil manipulación política. En Kenia hay más de 40 partidos políticos registrados, sin embargo ninguno ha participado de manera importante y estable en todas las elecciones. De hecho, el partido que llevó a Mwai Kibaki a la presidencia no presentó a ningún candidato, ni regional, ni nacional, en estas elecciones, y el partido que ha ganado ahora las elecciones (TNA) fue registrado hace unos meses (20 de mayo de 2012), y ésta es la primera vez que participa en unas elecciones. Esta debilidad partidista hace que cada candidato deba financiarse su propia campaña, por su cuenta, así que cada elección representa una inversión grande de dinero, en la cual, fácilmente, un líder puede incitar a sus seguidores a la violencia ante la menor sospecha de trampa, o incluso de pérdida legítima.
  3. El retraso en el escrutinio de votos, que se planeó originalmente de forma electrónica, pero falló, y ha sido sólo al quinto día, después de votar, que los resultados han sido anunciados. La ansiedad y tensión acumuladas pudieron fácilmente haber dado lugar a expresiones violentas contra el malestar ocasionado a los dos candidatos  principales, y sus seguidores.

Sin embargo, las elecciones fueron admirablemente pacíficas. El 86% de los votantes registrados ejercieron su derecho, colocando así esta elección como la más concurrida en la historia de Kenia, con una abstención de apenas un 14%. Uhuru Kenyatta ha sido declarado presidente electo, con 6.173.433 de votos (50,07%) y más del 25% en 31 de los 47 condados. Su rival más cercano fue Raila Odinga, con 5.340.546 votos (43.31%). Raila ha anunciado que no reconoce los resultados y va a introducir una petición electoral ante la Corte Suprema. Un escenario de queja similar se presentó ya en 2007, sin embargo, en esa ocasión Raila no reconoció la independencia y honestidad del poder judicial y así lo expresó abiertamente. La postura de Raila, ahora, representa un cambio importante y positivo, pues la nueva Constitución dio lugar a un nuevo poder judicial, que es percibido por todos como un ente objetivo y capaz de tomar decisiones sin presiones políticas de ningún tipo. Si la petición ante la Corte Suprema es admitida y descartada, Uhuru sería juramentado siete días después de la decisión de la Corte. Si la Corte falla en favor de Raila, y declara que Uhuru no alcanzó el 50% más un voto, entonces habría una nueva elección entre estos dos candidatos y se declarará ganador a quien obtenga mayoría simple.

Una paz admirable

La paz ciudadana que ha reinado en el país durante y después de las elecciones, representa un logro importante y –en nuestra opinión– se debe principalmente a los siguientes factores:

  1. Los mass media han jugado un papel de mucha importancia y han estado a la altura de un nivel de ciudadanía poco común en el mundo entero. De su propia cuenta, y debido a la amarga experiencia del 2007, la asociación de medios decidió filtrar cualquier declaración o noticia que pudiera de alguna manera, incluso remota, alentar alguna clase de odio racial o deseo de venganza;
  2. Las dos etnias rivales –kikuyu y kalenjín– de quienes muchos fallecieron o fueron desplazados en 2007, son ahora parte de una misma alianza: Uhuru Kenyatta en la presidencia y William Ruto en la vicepresidencia. Esta alianza ha diluido una tensión muy importante generada por pugnas históricas sobre la propiedad de la tierra, pues después de la independencia hubo desplazamientos tribales de la provincia central al Rift Valley, que tradicionalmente pertenecía a la etnia kalenjín.
  3. La credibilidad de la IEBC, cuyo presidente proviene de una etnia neutral, somalí, del norte de Kenia, y quien no es percibido como agente partidista de ninguno de los candidatos;
  4. El lenguaje político es más comedido y sensato que en 2007. Por ejemplo, cuando Raila anunció su intención de refutar los resultados ante la Corte Suprema, dijo expresamente que hay que tratar a todos como hermanos y hermanas, sin pelear y mantener la paz y el orden bajo el imperio de la ley, porque él confía que el poder judicial no tiene partidos y decidirá justamente.
  5. La diversidad de representantes electos, que diluye la tensión, pues se ha pasado de elegir a dos representantes importantes bajo la constitución antigua –presidente y miembro del Parlamento– a cinco representantes importantes –presidente, gobernador, senador, parlamentario y mujer representante– sin tomar en cuenta a los concejales.

Indudablemente, el imperio de la ley continúa avanzando a pasos agigantados en Kenia y las nuevas generaciones, con nuevas ideas, democráticas más que etnocráticas, con deseos de superación y desarrollo, comienzan ya a jugar un papel importante en las decisiones a nivel político y económico. Se vislumbra el amanecer de un nuevo país, pero aún contrasta la madurez de la población, del poder judicial y del mass media con la inmadurez de las instituciones políticas de carácter electivo, como el ejecutivo y el Parlamento, donde abunda el nepotismo, favoritismo de raíces tribales y la corrupción. Ha sido el Parlamento actual, por ejemplo, el obstáculo principal a las reformas sociales y políticas que contiene la nueva Constitución. Aunque esto cambiará, todavía quedan interrogantes importantes por resolver, como es la ‘identificación’, ese elemento esencial en la composición y desarrollo del Estado.

Posiblemente tome tiempo, pero, poco a poco, se va pasando de la etnocracia a una especie de sistema híbrido de alianzas políticas cambiantes y claramente fluidas. Esto, que algunos observadores valoran como aspectos negativos de la política africana, es realmente positivo, pues crea una unidad que permite al pueblo explorar, de forma progresiva y constante, la posibilidad del voto interétnico. Parafraseando a Antonio Machado, podemos decir “demos tiempo al tiempo, para que el vaso rebose hay que llenarlo primero”.

La educación y la formación en valores cívicos, apoyados por un poder judicial decidido a desterrar la impunidad, hará finalmente que la etnocracia pase a formar parte del pasado en Kenia… es cuestión de tiempo.

Luis G. Franceschi

Profesor de derecho constitucional y decano de la Facultad de Derecho Strathmore University, Nairobi

[1] Lauterpacht, H. “The Subjects of International Law”, en Lauterpacht (ed), International Law. Being the Collected papers of Hersch Lauterpacht, vol. I – The General Works, Cambridge University Press, Londres, 1970, p. 148.

[2] Estas fronteras trazadas artificialmente partieron y repartieron, como hemos dicho, a muchas comunidades entre países diferentes.

[3] Es importante notar que en la década de 1957 a 1967 se independizan más de la mitad de los países africanos.

[4] The Kenya National Bureau of Statistics, censo nacional de 2009.

[5] El ejército estaba también muy dividido, pues todos los comandantes de fuerza eran kikuyus, pero la mayoría de la tropa provenía de otras etnias y se temía un posible levantamiento de tropas.

[6] Koigi wa Wamwere, Towards Genocide in Kenya-The Curse of Negative Ethnicity, Mvule Africa Publishers, Nairobi, 2008, p. 87-88

[7] CKRC Main Report, Nairobi, 2002, p. 128-148

[8] Ver Constitución de Kenia, 2010, artículos 91 y 92.

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