El soberano ha votado —una primera reflexión tras las elecciones al Bundestag alemán – Mario Kölling

Sin duda, se puede confirmar que pocas campañas electorales celebradas en la República Federal Alemana resultaban tan monótonas y hasta las últimas semanas aburridas, como la campaña electoral para las elecciones al Bundestag del día 22 de septiembre. No obstante, la noche electoral ofreció tensión, muchas sorpresas y algunos resultados sin precedentes. También se puede confirmar que ningunas elecciones habían provocado tanto debate y expectativas en el exterior, expectativas que muy probablemente no van a ser cumplidas por el nuevo gobierno federal. Mientras a nivel doméstico el gobierno evitó cualquier debate conflictivo con la oposición, la opinión pública de diferentes estados miembros de la UE esperaba de las elecciones, y en consecuencia del nuevo gobierno alemán, un impacto decisivo en la política europea del gobierno federal y una redefinición de su posición entre: la austeridad y el estímulo al crecimiento. Los analistas de diferentes think tanks europeos1 valoraron estas expectativas como demasiado elevadas, y apuntaron que la política europea alemana tradicionalmente se ha caracterizado por una alta estabilidad, basada en el consenso entre los partidos políticos sobre las grandes líneas de la política europea. Aunque podría resultar precipitado analizar los resultados electorales en clave europea, se puede confirmar que el electorado ha decidido su voto principalmente pensando en temas internos, y en primer lugar según su percepción sobre un candidato o partido que pueda ofrecer la mejor solución para los problemas a nivel interno. No obstante, también el porcentaje que ha decidido su voto según su afinidad con un partido concreto sigue siendo importante, aunque las clásicas líneas entre confesión, en el sentido de que un votante con confesión católica vota al CDU, o la militancia en un sindicato y la afinidad con el SPD, son cada vez menores.

También es verdad que la economía alemana está en una situación diferente a la de las elecciones del año 2009. Alemania ha tenido el mayor crecimiento de la UE en el segundo trimestre, el desempleo alcanza actualmente los niveles más bajos de los últimos años, el país tiene superávit en el primer semestre y el fantasma de la inflación no se ha materializado. Conforme a esta situación, poco antes de las elecciones, más del 70% de los alemanes consideraba la situación económica como buena o muy buena. No obstante, han surgido otros problemas aunque muy diferentes respecto a otros estados miembros. En este sentido, la campaña electoral se concentró en cuestiones domésticas, principalmente en el debate sobre la creciente brecha social, el salario mínimo, los contratos precarios, los costes del cambio energético y la sostenibilidad del sistema de las pensiones.

Antes de analizar el color del futuro gobierno, conviene destacar a continuación las cuestiones sobre cómo se ha votado (I), en lo que se refiere al sistema electoral y (II) en lo que se refiere a los resultados de las elecciones.

Como se sabe, el electorado alemán ha depositado dos votos: el primer voto (Erststimme) o voto por persona, y el segundo voto (Zweitstimme) o voto por lista. Por las características de ambos votos, al sistema alemán se le atribuyen características mayoritarias aunque, en realidad, se base en una representación proporcional.2

Con el primer voto se ha votado por un candidato que pretende conseguir un mandato directo en el Bundestag, el candidato que alcanza la mayoría relativa de estos votos en su distrito electoral es elegido. Existen 299 escaños uninominales, es decir la mitad de los 598 escaños son elegidos directamente por el primer voto. Sin embargo, un elemento importante para la distribución de los escaños en el Bundestag es el segundo voto. Con el segundo voto se vota la cantidad de parlamentarios que cada partido tendrá en el Bundestag. En este sentido, el elector ha votado una lista cerrada de candidatos de un partido (Landesliste) en su región electoral. Los escaños se distribuyen entre los partidos que alcanzaron al menos un 5% del segundo voto o tres mandatos directos por el primer voto. Si un partido ha conseguido obtener más mandatos directos con los Erststimmen que aquéllos que le corresponden según los Zweitstimmen, puede retener estos escaños, de tal manera que el total de escaños del Bundestag se ve aumentado temporalmente, gracias los escaños excedentes (Überhangmandate).

Este sistema electoral alemán que fue considerado modélico, e incluso recomendable según las propuestas de Alfredo Pérez Rubalcaba para el sistema español, tiene dos puntos críticos que han destacado también en las pasadas elecciones: En primer lugar la barrera electoral del 5%, y en segundo lugar los escaños excedentes. Ambos elementos llevan al voto estratégico, en el sentido de que los electores de un partido prestan su segundo voto al partido de la coalición deseada para que pueda alcanzar la barrea del 5%. Esta estrategia ayudó especialmente al FDP en las elecciones de 2009, cuando alcanzó un histórico 14%. – el problema que se abrió posteriormente era que este partido se “comportó” también como un partido con un electorado del 14%, lo que provocó ciertas dificultades al gobierno de Merkel.

La última reforma de la ley electoral, reclamada por el Bundesverfassunggericht incluso antes de las elecciones del año 2009 y aprobada recientemente, intentaba solucionar el problema de los escaños excedentes. No obstante, la reforma que consiguió el respaldo de todos los partidos con representación en el Bundestag acomodó las preferencias de todos los partidos pero dejó la puerta abierta para un Bundestag con muchos más escaños (671 si la nueva ley electoral hubiera estado en vigor antes de las elecciones del año 2009) – que provocará también un mayor gasto sin mejorar la representación democrática. Los nuevos escaños de compensación (Ausgleichsmandate) que deben equilibrar el peso de los escaños excedentes con los votos segundos favorecerán principalmente a los partidos pequeños sin votos directos.

En lo que se refiere al segundo punto, tras las elecciones del domingo pasado se puede confirmar que la participación en las elecciones al Bundestag fue ligeramente mayor que en las elecciones anteriores (70,8%). Los democristianos de Angela Merkel (CDU/CSU) que rondaron en todos los sondeos el 40% de los votos, rozan la mayoría absoluta pasando del 33,8% en 2009 al 41,5%. También los socialdemócratas del SPD, con el candidato Peer Steinbrück han mejorado, con el 25,7 de los apoyos, su resultado de las elecciones del año 2009, aunque han quedado muy lejos de sus expectativas.

Las propuestas sobre un nuevo modelo fiscal y el escándalo sobre la implicación de los candidatos de los verdes en grupos que defendieron en los ochenta la pedofilia ha castigado al partido de los verdes a nivel de la Federación y le hace retroceder al 8,4%.

El partido La Izquierda (Die Linke), que se recuperó tras meses de declive demoscópico pierde también votos, se convierte en la tercera fuerza política con el 8,6% de los votos.

Pero, sin ninguna duda, los grandes perdedores de las elecciones federales son los liberales (4,8%), hasta ahora socios de Merkel en el gobierno federal, que por no superar la barrera de 5% no estarán en el Bundestag.

El nuevo partido euroescéptico Alianza para Alemania (AFD) tampoco ha conseguido superar la barrera del 5%, aunque el número de votos conseguido (4,7%) es considerable para un partido que se ha constituido recientemente.

Conforme a estos resultados, una nueva edición de la coalición actual entre CDU/CSU y el FDP resulta imposible. Los resultados de los verdes confirman también la desilusión de una coalición gobernante con el SPD. La posibilidad de un gobierno tripartito entre el SPD, los Verdes y Die Linke fue ya antes de las elecciones, rechazada por los propios candidatos.

Solamente una coalición entre CDU/CSU – SPD parece una mayoría suficiente y sería también la opción preferida por los alemanes. Conforme a las encuestas previas a las elecciones, casi el 50 % de los encuestados consideraba que una gran coalición sería una buena opción para Alemania.3 Con una gran coalición se podría suavizar el potencial de bloqueo del Bundesrat (la cámara territorial), donde el SPD en diferentes coaliciones está presente en la mayoría de los gobiernos de los Länder, y resultaría especialmente importante con vistas a la reforma del sistema de la financiación del Estado federal o de una reforma constitucional en clave europea.

Mario Kölling,
Investigador García-Pelayo, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales

1 P.e. en el seminario “Europea en la encrucijada”, organizado por el Instituto Goethe, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y la Fundación Manuel Giménez Abad, celebrado el día 18 de septiembre.

2 Para más información véase El sistema electoral alemán y su reciente reforma1*

por Francesc Mestre-Aizpurua, nº 3 – junio de 2012, Cuadernos Manuel Giménez Abad.

3 http://www.infratest-dimap.de/umfragen-analysen/bundesweit/ard-deutschlandtrend/2013/september-extra/

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