Tal como demuestran los debates en el contexto político actual en España, la relación entre identidad nacional y constitucionalidad está lejos de haberse reconciliado en el estado liberal de derecho.
El problema principal reside en un “defecto congénito” de la misma teoría liberal. A pesar de su objetivo principal, el de razonar un estado sobre la garantía de los mismos derechos individuales para todos los ciudadanos, la atomización de la sociedad entre sus entidades individuales conlleva que las garantías y libertades estén vinculadas a concepciones estáticas sobre los bienes políticos. Con ello corremos el peligro de presuponer cierta homogeneidad de la población con respecto a su cultura o sus creencias (Requejo, 2017: 72, 74). En otras palabras, el estado liberal de derecho necesitaría instituirse al mismo tiempo como estado nación. De esta forma, el estado recae en la dependencia de una comunidad preconstitucional que no permite la coexistencia de distintos sistemas de valores en un mismo territorio. Debido a esto, no nos debería sorprender si observáramos nacionalismos defendiendo los derechos de “su” estado como privilegios exclusivos de una parte de la población. Tampoco nos debería asombrar la conflictividad que causan cuestiones sobre plurinacionalidad para la integridad constitucional de un estado, sobre todo cuando este se legitime por medio de un orden liberal democrático.
A nivel teórico, esta “tradición kantiana” (Requejo, 2017: 72) de la teoría liberal obviaba los contextos en los que los individuos desarrollaban su actividad y sus valores. Durante mucho tiempo, la teoría liberal no se ocupó del componente colectivo de los derechos. Esto cambió con las correcciones “comunitaristas” de las posiciones individualistas dentro del paradigma liberal. Para las “comunitaristas”, la libertad no puede permanecer en su dimensión abstracta como mera garantía de unos derechos abstractos, sino que necesita ser sentida y expresada en las distintas esferas de vida de la población, ya que es allí donde las personas llevan a cabo sus actividades. Este pensamiento refleja ideas que también han guiado a autores que buscaron el estado liberal por motivo de reconciliar las realidades sociales de los individuos por medio del derecho. Entre ellos destacan Isaiah Berlin y G. W. F. Hegel.Llegeix més »
La gran crisis iniciada entre 2007 y 2008 parece estar en trance de superación, pero la recuperación macroeconómica apenas ha tenido una incidencia social positiva puesto que las desigualdades no cesan de aumentar. Además, la progresiva robotización -expresión de la cuarta revolución tecnológica- acabará con buena parte del trabajo asalariado tradicional. El ensayo de Moreno y Jiménez, fruto de una infrecuente y muy productiva colaboración entre un sociólogo y politólogo y un cosmólogo y astrofísico, compara las actuales situaciones de los Estados Unidos de América (EUA) y la Unión Europea (UE).
Miguel Pérez-Moneo y Joan Vintró Castells (Coords.). Participación política: deliberación y representación en las Comunidades Autónomas. Congreso de los Diputados, Madrid, 2017, 467 págs.
El debat al voltant de la participació i la representació en els sistemes democràtics suposa, per ell mateix, discutir sobre l’essència mateixa del sistema i, per això, de la democràcia, tant si l’entenem com un mecanisme de presa de decisions col·lectives (és a dir, subratllant-ne el caràcter procedimental) com si l’entenem com un valor, com un element fonamental teòric que ens ha d’orientar a l’hora de configurar un sistema de gestió dels assumptes públics.
Introducción