
A finales de septiembre de 2021, Canadá celebró sus segundas elecciones en apenas dos años. A pesar de que la pandemia estaba lejos de estar controlada en algunas zonas del país y de que no parecían existir indicios que pusieran en riesgo la estabilidad del Gobierno, pues este ha sido capaz de sacar adelante sus principales proyectos, Justin Tudreau decidió solicitar a la Gobernadora General la disolución de los Comunes y la convocatoria de elecciones generales con la intención de alcanzar una mayoría absoluta que le permitiera gobernar sin depender del apoyo de otras formaciones. Sin embargo, la realidad es tozuda y a pesar de lo mucho que ha cambiado el mundo en estos dos años, el panorama político canadiense parece haberse conservado en una burbuja, puesto que la cita electoral deparó unos resultados prácticamente idénticos a los de 2019. Tras una corta campaña marcada por la ausencia de grandes eventos a causa de la pandemia, el Partido Liberal de Trudeau ha repetido victoria con 160 escaños (+3) y el 32,6% de los votos. El Partido Conservador de Erin O’Toole queda en segunda posición tras volver a vencer en votos (33,7%), pero perdiendo dos escaños hasta los 119. El Bloc Québécois (BQ) queda como tercera fuerza con 32 escaños (7,7%; =), por delante del NPD (Nuevo Partido Democrático) [25 escaños (+1) y 17,8%]. Por su parte, el Partido Verde ha obtenido 2 escaños (-1) con el 2,3% de los votos, mientras que el Partido Popular, apoyado por el negacionismo antivacunas, ha disparado sus apoyos hasta rozar el 5%, aunque ello no le ha servido para obtener representación.Llegeix més »
Frente a lo que suele afirmarse, los tribunales constitucionales surgieron como respuesta a la necesidad de garantizar la unión del Estado en contextos de descentralización política, más que para la garantía abstracta de la Constitución o la tutela de los derechos fundamentales, funciones que bien podían ser desempeñadas por la jurisdicción ordinaria y que, en su caso, fueron atribuidas a los nuevos tribunales constitucionales como complemento. Los tres primeros modelos de control concentrado de constitucionalidad, creados después de la Primera Guerra Mundial (Austria, Checoslovaquia y España), muestran la estrecha vinculación en el moderno Estado constitucional entre la decisión de fraccionar el poder legislativo y la de crear un tribunal constitucional especializado. A este respecto resultan ilustrativos las concepciones y el proceso de decisión política desarrollados en Austria.
El proppassat dia 21 de novembre de 2013 es va celebrar al Palau Centelles la IV edició de l’Observatori sobre noves tendències del federalisme, organitzat conjuntament per la Fundación Giménez Abad i l’IDP-Observatori de Dret Públic, amb el suport de la Fundació Friedrich Ebert. En aquesta edició, l’Observatori ha volgut abordar les relacions entre federalisme i acomodació de la pluralitat nacional.
Toda Constitución es ante todo una norma de integración. La maduración de las sociedades, el paso del tiempo y las transformaciones del espacio, producen conflictos que dan sentido al pluralismo político y a las reglas que sirven para encauzarlo. La Constitución española de 1978 trató de integrar el nacionalismo vasco, catalán y español mediante una distribución territorial del poder en un esfuerzo federal indudable que sin duda ha muerto de su propio éxito. Y su éxito ha sido pensar que la profundización autonómica era siempre, en todos los casos y en cualquier circunstancia, buena para la democracia y la eficacia. Sin embargo, la razón dialéctica que encierra cualquier norma fundamental quiebra indefectiblemente cuando la expresión de los nacionalismos que ha tratado de articular y satisfacer se hace excesivamente intensa como consecuencia de la escasa fijación de los términos en los que se ha de ejercer el poder.